El fin del sueño mundialista, de la euforia al olvido

 


Así como creció la pasión y el entusiasmo por el Mundial de Fútbol en México y por la selección mexicana, así se apagó tras quedar eliminada ante Inglaterra. Fue una ola de emociones que invadieron al país, que ahora es difícil dimensionar lo vivido.

Pasamos del desinterés y de las dudas previas a la inauguración, a una pasión desbordada tras los triunfos del “Tri”.

El equipo ilusionó con su paso perfecto en la primera fase, desbordó la fe de los aficionados en los dieciseisavos de final y así como el Estadio Azteca brilló al abrir este Mundial, quedó completamente a oscuras y olvidado, cuando México fue eliminado.

Pasamos de los festejos de más de un millón de personas en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México, a no saber ni siquiera a qué hora y en dónde se jugaron los cuartos de final de la Copa del Mundo.

Literalmente se acabó el Mundial para México. Lejos quedaron esos días donde se hacían fiestas en las calles con colombianos, japoneses, neerlandeses, suecos y hasta con los marroquíes. Es como si todo eso fuera un sueño y luego al despertar, regresamos a nuestra realidad.

Pero todo eso fue tan espontáneo y a veces hasta improvisado, que a una semana de la eliminación de la selección mexicana, es como un sueño lejano del que cada uno tendrá una versión diferente y ninguna de ellas, será igual al de otra persona.

Porque ir al estadio fue un verdadero lujo donde seguramente algunas personas, hipotecaron varios años de sus salarios para pagar el boleto. Sin embargo ir la Ángel de la Independencia en la Ciudad de México, era un acto de orgullo e identidad.

De esta manera, podríamos decir que hubo varios Mundiales. Los que se jugaron en los estadios y los que vivió el pueblo donde el fútbol fue el pretexto, para explotar en júbilo y sentirse parte de algo masivo y nacional, de una euforia colectiva que seguramente las nuevas generaciones no habían experimentado jamás.

Tal como lo explica Hugo Luis Sánchez Gudiño, investigador de la Facultad de Estudios Superiores Aragón de la UNAM, quien asegura que este evento permitió convivir sin prejuicios de clases sociales.

El Mundial “anuló temporalmente la disputa entre distintas tendencias ideológicas y políticas, entre la clase media alta y el sector popular”.

Y agrega el especialista: “este deporte resulta ser un fenómeno de entretenimiento, de cultura de masas, pero también un termómetro social, que ha logrado una identidad y unidad nacional”.

Así, todos sabíamos que el último partido del Estadio Azteca era justamente el de México contra Inglaterra, lo que nadie suponía es que ese iba a ser también el último partido de la selección mexicana en su Mundial.

Se apagaron las luces en el estadio y al mismo tiempo, se cerró el telón mundialista. Lo que había sido una fiesta nacional, ahora es un evento lejano donde juegan algunas selecciones y que poco o nada importan a la gran mayoría de los mexicanos.

Esos mismos mexicanos que pintaron de verde las calles y pudieron abrazar y echar por los aires, a cualquiera que se dejara sin importar si vivía en un barrio popular o una colonia de abolengo.

Y tal vez, este puede ser el mejor recuerdo del Mundial de Fútbol en México, un evento que seguramente ya no regresara nunca más a nuestro país.



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